|
ANTONIO MACHADO
Cuando leí tu obra completa, decidí adoptarte como mi poeta preferido. Sé que pensarás que soy un tonto. Pero de pronto te transformaste en alguien imprescindible para mi.
Y con el tiempo esta tendencia se fue acentuando. Descubrí por mi cuenta, sin ayuda de sabiondos que usabas algunos símbolos para describir tu vejez cuando hacías alusión al “atardecer”.
Lo que pasa es que yo mismo he llegado hoy a ese atardecer que hace que el camino que serpea y débilmente blanquea se enturbie y desaparezca.
Tu transitaste el camino que te obligaron a recorrer buscando salvar tu vida de hombre bueno. Tu hiciste ese camino que solo se hace al andar, para pasar una insólita y extraña frontera, no para descansar en paz, sino para ver morir a tu madre y entregarte pocos días después al misterio que sin duda fue un bálsamo para tu cansada honestidad.
Es que este camino del exilio provoca en el ser humano cosas muy curiosas: un colega tuyo llamado Mario Benedetti, es un poeta prolífico y un hombre bueno como tu.
Sin embargo también supo de odios y vejaciones que hicieron que un día mostrara su otra cara y escribiera:
Para comprender
cuán reaccionario era Jorge Manrique,
solo hace falta conjugar el contrario de su
“todo tiempo pasado fue mejor”,
por: “todo tiempo futuro será peor”.
¡ Cuánto daño hace el exilio !. Aún en las mentes más lúcidas. Porque Benedetti no podía desconocer que tu poeta preferido justamente, era Jorge Manrique. Y que el nombre de su esposa era Guiomar, nombre con el que tu rebautizaste a tu jovencita compañera hasta tus últimos días. Por puro homenaje, por pura admiración, por puro amor.
Y es que con todo derecho a juzgar por lo que observo hoy, cuando se me nubla el sendero, me sigo preguntando si todo tiempo pasado no fue mejor…
Hoy he recibido una carta desde mi amado País. Me escribe mi hermanita de setenta y un años, maestra jubilada que asaltada por quinta vez, fue golpeada hasta el hartazgo por los hijos de puta disfrazados de pobres. Cobardes que no usan su agresividad contra el sistema que los martiriza a ellos también, sino contra una persona honesta e inocente de toda inocencia que no le hace mal a nadie.
Pero ante lo ocurrido que ya no tiene solución, con todo derecho me pregunto hasta cuando los intelectuales seguirán discutiendo estupideces.
Agradezco que mi corazón haya envejecido antes que yo. Siento que recorro tu mismo camino y eso me tranquiliza. Hasta aquí llegamos…..
Voy a transcribir en tu homenaje, la poesía más excelsa, la más hermosa, la más veraz que me ayuda como una muleta para no ir arrastrándome por la vida como una babosa.
Gracias Antonio, gracias por haber existido. En tu país nadie habla de ti. No creo que ningún dirigente político o social se quiera arrimar siquiera a mencionar tu nombre. No tienen ni coraje ni dignidad para ello.
Bueno y generoso es aquel que es capaz de sacarse del último rincón de su bolsillo lo que más quiere o necesita para obsequiárselo a quien lo necesite más que él. Por eso regalaré esta, tu poesía, al lector que más la necesite.
Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡ Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas !...
¿ Adónde el camino irá ?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero…
- La tarde cayendo está…
“En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día:
ya no siento el corazón”.
Y todo el campo un momento
Se queda mudo, y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.
La tarde más se oscurece;
Y el camino que serpea
y débilmente blanquea,
se enturbia y desaparece.
Mi cantar vuelve a plañir:
“Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada.”
Un día iré a Coliure, ese pueblito francés que supo albergarte para siempre. Te lo prometo. Y sentiré lo mismo que tú, el dolor de ser un exiliado. Lloraremos juntos, sin vergüenza, por el dolor que nos han causado.
Solo te ofreceré una lágrima, una flor y un pan.
|